¡No más violencia patriarcal!

En estos días nos movilizamos para recordar una realidad terrible que nos sigue golpeando día a día. En todo el mundo millones de mujeres sufren diferentes tipos de violencia sólo por razón de género. Esta violencia se expresa de múltiples formas, unas más claras y brutales (maltrato físico, agresiones sexuales, prostitución…) y otras que, aunque son menos explícitas, determinan en gran medida la vida de toda mujer trabajadora (discriminación laboral, social, etc…).

La raíz de esta discriminación la tenemos en el sistema patriarcal. El patriarcado es tan antiguo como es el surgimiento de la propiedad privada y las clases sociales. Surgió hace milenios con la extensión de la agricultura y ganadería. La relación entre hombres y mujeres cambió radicalmente. Para asegurar que los bienes pasaran a sus descendientes, impusieron la monogamia sobre la mujer y la excluyeron de todo lo relevante en la vida social y económica, pasando a ocupar un papel meramente instrumental que aseguraba la reproducción.

Las diferentes formas de violencia que actualmente sufren las mujeres no son más que un reflejo ideológico y social de la concepción que se tiene de ellas como “propiedad privada” o meros “instrumentos”. No es el “orden natural de las cosas” o “que los hombres piensen eso por instinto”. Es concepto social que ayuda a mantener a las clases dominantes en el poder, dividiendo a los oprimidos y oprimidas de manera arbitraria en función de su sexo.

El capitalismo ha adoptado a su conveniencia el patriarcado con modificaciones. A pesar de que se han hecho algunos avances importantes en el trato de la lucha contra la violencia de género (medidas legislativas, protocolos de actuación, campañas de sensibilización…), esta sigue produciéndose de manera descarnada. En lo que va de año, alrededor de 80 mujeres han sido asesinadas por razón de su sexo, se han denunciado un 10 por ciento de agresiones sexuales más que el año pasado y centenares de miles de mujeres son prostituidas en nuestro país. Con todo ello, podemos aseverar que la base material, cultural e ideológica del patriarcado sigue intacta.

A pesar de que la socialdemocracia reconoce la existencia del patriarcado, lo intenta desvincular de la estructura capitalista que la sostiene. El objetivo del feminismo reformista que defienden no es la superación de la sociedad patriarcal, sino lograr un equilibrio de sexo entre los explotadores, es decir, que haya igual número de mujeres capitalistas que de hombres capitalistas.

Nosotr@s l@s comunistas defendemos todos los avances que supongan más derechos y mejor calidad de vida para la mitad de la humanidad. Lucharemos todas contra las intenciones que tiene la derecha reaccionaria (Partido Popular, Vox y Ciudadanos) de volver a restringir derechos. Por el contrario, queremos que estos se amplíen, que se dote en los PGE de una partida presupuestaria digna y efectiva contra la violencia de género, que se doten más medios educativos, que se abran todas las instalaciones para acabar con esta lacra (por ejemplo, que se reabra la Casa de Acogida de Valdepeñas), que se asegure una participación democrática de las asociaciones feministas en todos los temas referidos a igualdad y violencia de género…

No obstante, también defendemos que, mientras siga imperando una sociedad de clases, el dominio del patriarcado seguirá siendo efectivo. Por eso defendemos que el socialismo puede sentar las bases materiales para el fin del patriarcado y, por lo tanto, de la violencia de género. Todo ello unido a una labor ideológica y educativa para cambiar las ideas del viejo sistema.