Comunicado PCE-UJCE Guadalajara ante el COVID-19

Esta crisis está sacando a relucir las profundas desigualdades sociales
que sufre nuestra provincia.

En apenas unas semanas, cerca de 2.000 personas han pasado a engrosar
las listas del paro en la provincia de Guadalajara y otras 8.000 se han
visto afectadas por un ERTE, según los últimos datos oficiales. A estos
datos habría que sumar la gran cantidad de personas que subsisten en la
economía sumergida, (muchas de ellas, mujeres que trabajan como
empleadas domésticas sin haber sido dadas de alta en la Seguridad
Social), los trabajadores autónomos que prestan sus servicios a empresas
y particulares y las trabajadoras y trabajadores externalizados y
contratados (incurriendo, en muchos casos, en fraude de ley) a través de
ETT y que no tienen el “lujo” de verse sometidos a un ERTE.

Uno de los principales problemas a los que se enfrenta la provincia es
la desprotección de los trabajadores y trabajadoras en el medio rural. 
La reducción del transporte público (ya de por sí deficiente en muchos
pueblos en condiciones normales) dificulta enormemente que muchas
personas puedan acudir a su puesto de trabajo y alarga enormemente la
jornada, lo cual hace casi imposible  que estas personas puedan atender
a sus familias o a las personas dependientes a su cargo.

Por si esto fuera poco, nos encontramos con multitud de situaciones en
las que determinadas empresas incumplen flagrantemente la legislación
laboral y, en muchos casos, ponen en riesgo a sus trabajadores y al
conjunto de la sociedad. No es raro encontrar empresas que obligan al
personal a coger “vacaciones” forzosas durante el estado de alarma; o
que mantienen las jornadas de trabajo de empleados que figuran como
parte de un ERTE; o, directamente, aquellas que obligan a sus
trabajadores a desempeñar sus labores sin implementar los protocolos de
seguridad necesarios ni disponer del equipo de protección adecuado.

Para quienes aún tienen que seguir trabajando en servicios esenciales,
la falta de  material y equipos de protección no solo supone una amenaza
a su propia salud, sino que pone en riesgo a sus familiares y a su
entorno más cercano y evita que pueda cortarse la cadena de contagio.

Hoy más que nunca, se pone de manifiesto la necesidad de que todos los
trabajadores y trabajadoras nos organicemos en los sindicatos. Donde hay
organización sindical, hay capacidad de exigir que las empresas cumplan
la ley, que doten a la plantilla de los elementos de seguridad y que no
obliguen a los trabajadores a aceptar condiciones abusivas o ilegales.

Entre los colectivos más expuestos y más abandonados por la
administración se encuentran las y los profesionales del sector de la
asistencia a domicilio, el personal de limpieza y quienes trabajan de
cara al público en servicios esenciales como la logística, el reparto a
domicilio y la distribución (muchas empresas de este sector trabajan con
normalidad, sin distinguir qué es esencial y qué no), los supermercados,
etc. Por no hablar del personal que trabaja en las residencias de
ancianos, absolutamente desbordado y carente de medios como consecuencia
de una gestión, mayoritariamente privada, que se ha preocupado
únicamente de extraer hasta el último céntimo de nuestros mayores y de
sus familias y no de proporcionarles la atención que necesitan.

Una vez más, las personas que se encargan de esa tarea fundamental, los
cuidados, sin la cual esta sociedad no se sostendría, son las grandes
olvidadas y perjudicadas.

Ante la situación de emergencia que vivimos, necesitamos tomar medidas
drásticas para proteger a la mayoría social que mueve este país.
Aquellas personas que se juegan su salud cada día en el trabajo, que se
quedan en casa cuidando a los suyos, o que han pasado toda una vida de
trabajo y sacrificios para que ahora algunos les quieran dejar morir
porque ya no dan beneficios.
No nos engañemos; a los capitalistas no les preocupa salvar vidas ni
proteger a las personas más vulnerables de nuestra sociedad. Lo que le
preocupa es, única y exclusivamente, mantener sus beneficios.
Últimamente oímos a muchos empresarios y economistas liberales pedir más
intervención del Estado, más gasto público…. Su lógica es la del libre
mercado y el beneficio privado cuando todo va bien y la socialización de
las pérdidas cuando todo va mal.

El Estado tiene que intervenir, sí. Y tiene que garantizar la seguridad
y la subsistencia de todas las personas; pero no para rescatar, una vez
más, a los ricos y poderosos y dejar en la cuneta a la clase
trabajadora. Esta crisis ha puesto de relevancia una cuestión muy
importante: muchos de los trabajos considerados esenciales están entre
los peor pagados y los que tienen condiciones laborales más precarias.

Con sus aciertos y sus errores, tenemos un Gobierno que ha sacado
adelante las mayores medidas de protección social de la historia
reciente de nuestro país. Aún queda mucho por hacer, pero a nadie se le
escapa que sin la presión de Unidas Podemos jamás se habrían aprobado
estas medidas de protección social. No podemos permitir que, como
ocurrió con la crisis de 2008, unos pocos salgan de ella aún más ricos
mientras millones de personas se hunden en la miseria del paro, el
trabajo precario, los desahucios y el abandono institucional.

Es urgente poner todo el tejido productivo al servicio del interés
general. Es urgente acabar con el sistema criminal de privatizaciones y
recortes que ha sufrido el sector público, para beneficio de unos pocos.
Y es urgente acabar con la precariedad que sufren la mayoría de familias
y personas trabajadoras, explotadas por una clase empresarial
parasitaria que únicamente busca el beneficio a través de la precariedad
y la explotación salvaje de sus trabajadores.

Hacemos un llamamiento, además, a denunciar la campaña de bulos,
desinformaciones y mentiras que solo buscan desestabilizar al Gobierno y
enfrentar entre sí a la clase trabajadora. Hay estructuras criminales
detrás de estas campañas, apoyadas por poderes económicos y formaciones
políticas que viven de sembrar el miedo y el odio para justificar su
profundo desprecio por la democracia y la justicia social.

No demos crédito a quienes buscan la división y el enfrentamiento.

Con solidaridad, unidad y trabajo, saldremos de esta.