Homenaje en Ciudad Real por el centenario de la fundación del Partido Comunista de España

Ciudad Real, 5 de abril de 2021.

Desde el Partido Comunista de España en Ciudad Real anunciamos que estamos de celebración por el centenario de la fundación de nuestro partido (1921-2021), el partido de todos los trabajadores, de todos los explotados y oprimidos que anhelan un nuevo mundo socialista.

El PCE fue fundado en 1921, con el propósito de constituirse como la vanguardia obrera y popular de los pueblos de España frente a las fuerzas reaccionarias de la burguesía y sus lacayos, que explotan y oprimen a las amplias masas trabajadoras y populares. El Partido Comunista nace de las esperanzas de multitud de trabajadores que veían en la Revolución de Octubre, la Unión Soviética y la Internacional Comunista, el faro que guiaría la revolución socialista mundial a su éxito completo. Muchos de los trabajadores que engrosaron sus filas, en sus inicios, provenían del PSOE, desencantados de este porque vieron como los socialdemócratas habían abandonado todo proyecto verdaderamente emancipador y revolucionario socialista, convirtiéndose así en una organización reformista que no ponía en cuestión el régimen dominante capitalista y que solo vivía de las migajas, prebendas y sobornos imperialistas.

A lo largo de la década de los veinte y comienzos de los años treinta, el PCE sobrevivió a pesar de las grandes dificultades iniciales: represión y errores tácticos. Sin embargo, no sería hasta 1934, y especialmente durante la Guerra Civil (1936-1939), cuando su influencia creciese exponencialmente entre las masas obreras y populares, así como también en la política española y en el ámbito militar del bando republicano.

Este crecimiento exponencial se debió fundamentalmente a su política correcta de unidad y lucha: por un lado, defendía la unidad de toda la clase obrera (sindicatos, partidos, juventudes, asociaciones, colectivos…) así como también la unidad de las fuerzas antifascistas (Frente Popular); y por otro, apostaba por la lucha contra todas las fuerzas reaccionarias y fascistas, incluidas las que se encontraban bajo territorio de la república así como también entre las propias filas antifascistas (elementos incontrolados de tendencia anarquista, trotskista…). Los comunistas comprendieron que solo la revolución democrática triunfaría si primero se ganaba la guerra, que en sí misma ya era una revolución popular y, por tanto, siempre tuvieron muy presente la disciplina férrea y la lucha unitaria consecuente de las fuerzas obreras y populares frente a los enemigos del pueblo. No hay que olvidar el papel destacado que jugó el PCE y sus principales militantes en los primeros meses de la guerra, alcanzando así un importante prestigio y el aumento espectacular en su número de miembros durante la guerra.

Según los datos recogidos por el catedrático de Historia Contemporánea en la UCLM, Francisco Alía Miranda, los militantes del PCE en la provincia, concretamente durante su Primer Congreso realizado en 1936 (antes de la guerra), eran en total unos 2000 militantes, organizados en 34 radios; más tarde, en su II Congreso Provincial, realizado en abril de 1937, los militantes aumentaron a 12000 y se organizaban en 94 radios (prácticamente tenía presencia en casi todos los pueblos de la provincia); por último, en noviembre de ese mismo año, la militancia había ascendido a 15500 miembros. Para hacernos una idea, en agosto de 1937, en toda la provincia de Ciudad Real, había 5927 militantes del PSOE (a pesar de la inferioridad numérica, el PSOE controlaba la mayoría de los municipios). Por otro lado, las Juventudes Socialistas Unificadas, unión de las juventudes de ambos partidos, tenían alrededor de 10000 militantes al finalizar 1936.

Concretamente, en Ciudad Real capital (rebautizada como “Ciudad Leal” durante la guerra), en el mes de abril de 1937, primaba la militancia comunista con 900 afiliados (de los cuales 150 eran mujeres); en segundo lugar, en agosto de aquel mismo año, los socialistas contaban con 694 militantes (de los cuales 28 eran mujeres); en cambio, la CNT era minoritaria.

En relación a la composición social del Partido Comunista en nuestra provincia, ésta retrataba muy bien el carácter obrero y popular del mismo. Según los datos de agosto de 1937, la militancia se componía de la siguiente forma: 37050 obreros, 4250 jornaleros, 5875 campesinos, 500 intelectuales, 625 clases medias y 900 mujeres.

A pesar de los conflictos, la relación entre las diferentes fuerzas obreras y de izquierda en la capital fue generalmente positiva: los socialistas y los comunistas avanzaron hacia la unidad orgánica constituyéndose a comienzos de 1937 el Comité de Enlace Provincial, cuyo órgano ideológico sería “Avance”, así como también se crearon comités de enlace locales; aunque los progresos en la unión orgánica no fueron mucho más allá porque estuvieron lastrados por recelos mutuos. Además, socialistas y comunistas en algunos momentos mantuvieron relaciones tensas con la CNT por su política aventurera e indisciplinada.

Como ha podido comprobarse, la importancia del PCE en nuestra provincia, así como en la capital de la misma, fue muy importante durante toda la guerra (1936-1939). Por esta razón, los comunistas de Ciudad Real rendimos nuestro humilde homenaje en honor de nuestro partido y también a la memoria histórica de nuestra localidad recuperando del olvido la heroica resistencia de los comunistas en la defensa de la república democrática y en la lucha antifascista. Concretamente nos referimos a los hechos acontecidos al final de la guerra (marzo de 1939) y que relataremos a continuación, aunque primero nos situaremos en el contexto histórico general del momento.

El 5 de marzo de 1939, el coronel Segismundo Casado con el apoyo de la dirección del PSOE, de la CNT, de los sectores más conservadores del ejército y de los republicanos de izquierda, ejecutaron un golpe de Estado para poner fin a la guerra y entregar así la República a los “nacionales” con el apoyo de los “quintacolumnistas”.

Por un lado, los “casadistas” justificaron este golpe de estado a la República argumentando que la guerra ya estaba perdida y que solo quedaba rendirse a los fascistas en las condiciones más ventajosas posibles. No obstante, este argumento era falaz puesto que Franco solo ofreció a la República que aceptase una rendición incondicional; en realidad, tras esta maniobra estaba el miedo creciente de las fuerzas republicanas ante la gran influencia política y militar de los comunistas. No era más que anticomunismo. Al fin y al cabo, la República era un régimen burgués y los socialdemócratas, cenetistas, liberales demócratas prefirieron abandonar la lucha republicana y antifascista antes que recayera su liderazgo en manos de los comunistas.

Por otro lado, el presidente del Gobierno, el socialista Juan Negrín, y determinados miembros de su ejecutivo (cada vez más minoritarios dentro de la dirección del PSOE), junto a los comunistas, defendían que no quedaba otra alternativa que resistir por dos motivos fundamentales: 1) el general Franco dejó claro que solo aceptaría una rendición incondicional y que los republicanos no tendrían asegurada su supervivencia tras la rendición; 2) la Guerra Mundial estallaría en cualquier momento lo que implicaría que los países de la “no intervención” (Francia, Reino Unido, EEUU, etc.) tendrían que abandonar su falsa neutralidad y apoyar militarmente a la República española frente al expansionismo del Eje (Alemania, Italia y Japón, todos éstos aliados de Franco).

Una vez iniciado el golpe, los golpistas “casadistas” constituyeron el denominado “Consejo Nacional de Defensa”, que se encargaría de las negociaciones con Franco. Sin embargo, para asegurarse el éxito tenían que derrocar al gobierno legítimo de la República y especialmente eliminar a su principal amenaza a sus planes: los comunistas. Sin embargo, el PCE no lo puso nada fácil porque desde el principio realizó un llamamiento a la resistencia contra los golpistas del Consejo de Defensa y a los quintacolumnistas franquistas hasta el último combatiente. Como consecuencia del golpe de estado, se desencadenó un nuevo conflicto armado en el seno del bando republicano que terminó con el asesinato y prisión de la mayoría de los combatientes y militantes comunistas.

Estos acontecimientos también tuvieron su plasmación en nuestra localidad. Ante el golpe de Estado casadista y la adhesión al mismo del general Antonio Escobar Huertas, jefe del Ejército de Extremadura, los comunistas que estaban dentro del ejército republicano intentaron abortar el golpe de estado: el plan del comité provincial del PCE consistía en tomar el Ejército de Extremadura y marchar sobre la capital. Pero no se alcanzó el éxito.

En Ciudad Real capital, el día 7 de marzo, 102 comunistas del PCE y la JSU, junto algunos guerrilleros, se atrincheraron armados en la sede provincial del PCE, conocido como el “Palacio Rojo” (anteriormente Palacio Episcopal que fue incautado), situado en la céntrica calle Caballeros, para defenderse de las fuerzas casadistas. Entre ellos, se encontraban miembros del Comité Provincial del PCE como Aquilino Fernández Roces, Crescencio Sánchez Ballesteros, secretario general y concejal en Ciudad Real; José Sánchez de la Torre, responsable de organización; Ángeles Agulló Guillerma, responsable de masas; y Ángela Mora Boix, responsable femenina, además de Adriano Romero Cachinero, del Comité Central del PCE y Diputado a Cortes y José Cerveró Ruiz, responsable de la 200 División de Guerrilleros.

Los comunistas elaboraron un manifiesto dirigido a la población donde se decía lo siguiente:

“Se nos intimida para que nos rindamos, ¿Por qué delito hemos de dejarnos llevar a la cárcel o al patio de la ejecución? ¿Qué hemos hecho que no sea en favor de la independencia de España? Se quiere derramar nuestra sangre por el delito de ser comunista y contra esto hemos de rebelarnos” (…).

Se entablaron negociaciones entre los comunistas y los casadistas pero fracasaron. Los golpistas asaltaron el edificio el día 11 a las 8:00 horas con fuerzas de infantería y dos tanques (T-26 de fabricación soviética), al mando del anarquista aragonés Máximo Franco. Finalmente, a las 9:15 horas, los comunistas se rindieron: hubo 8 muertos y 3 heridos.

Todos los resistentes en la sede del PCE fueron detenidos en la Prisión Provincial y puestos a disposición judicial. En su mayoría fueron condenados por delito de rebelión militar por el Consejo Nacional de Defensa entre el 11 y 29 de marzo. Pero la cosa no quedó ahí: el gobernador y líder de la CNT, David Antona, huyó a Alicante no sin antes entregar a los comunistas detenidos (alrededor de 70) a los fascistas, como le ordenó en un telegrama Wenceslao Carrillo. Muchos comunistas fueron fusilados después, entre los cuales se encontraba Crescencio Sánchez Ballesteros, ejecutado el 16 de marzo de 1940 en Ciudad Real. Pero no solo comunistas, multitud de demócratas y antifascistas sufrieron la represión: en la capital comenzaron los fusilamientos en mayo de 1939, donde se ejecutaron oficialmente a 988 personas entre mayo de 1939 y noviembre de 1944.

Durante los cuarenta años de dictadura franquista que siguieron a estos hechos, los comunistas fueron la vanguardia en la lucha contra el fascismo y en favor de la República democrática y el Socialismo. Esta verdad histórica es difícil de ocultar, a pesar de la inmensa propaganda burguesa anticomunista y, por ello, los camaradas seguiremos reivindicándola siempre.

En la actualidad, vemos como las ideas reaccionarias avanzan y como también se retoma con mayor fuerza el discurso anticomunista. Tenemos que recuperar nuestra historia, conocerla y difundirla para elevar la conciencia de las masas trabajadoras explotadas y oprimidas, señalandola necesidad de organizarse como clase social independiente para emanciparse de la esclavitud capitalista y por la construcción de un mundo donde no existan explotadores ni explotados: el Socialismo. Porque solo combatiremos de una forma efectiva la contraofensiva neoliberal y ultraderechista, si cortamos de raíz las bases materiales sobre las que se sostiene la explotación, opresión y miseria que sufren las amplias masas trabajadoras. Para ello, es indispensable que la clase trabajadora y las capas populares se organicen en su partido de vanguardia, el Partido Comunista, que llevará a la victoria a la mayoría social trabajadora frente a los explotadores y sus lacayos reaccionarios.

¡Trabajadores, reforzad las filas del Partido Comunista!

¡Por la República democrática y el Socialismo!

¡No pasarán!

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